lunes, 12 de noviembre de 2012

EMBARCARSE EN EL BEAGLE


...EMBARCARSE EN EL BEAGLE

 
Con lo cual nos hubiéramos perdido de El origen de las Especies y mucho de lo que hoy sabemos de las ramas de la Biología se habría retrasado.  Y no sólo estuvo a punto de no hacer el viaje alrededor del mundo una vez, sino varias veces, las primeras por causa de su padre, las siguientes por amigos y hasta desonocidos. Charles Darwin había nacido en 1809 y quedó huérfano de madre a los seis años. Esto parece que influyó en su carácter y le daba tribulaciones a su padre continuamente, pues una de las frases más citadas en sus biografías es la que éste le soltó una vez: De lo único que te preocupas es de andar dando gritos, de los perros y de cazar ratas, y serás una desgracia para ti y toda tu familia”. Por darle gusto a su padre, quien quería que fuera  médico, como él, se fue a Edimburgo en donde el hermano de Charles, Erasmus,  estudiaba medicina también, pero la sangre y el sufrimiento – No se utilizaba la anestesia aún- hicieron que después de presenciar una cirugía a un niño renunciara. Luego su padre nuevamente lo instó a que estudiara Derecho, pero a él le pareció aburrido; finalmente para complacer a su padre estudió teología en Cambridge, en donde se graduó, pero seguía interesándole más la recolección de piedras, escarabajos y otros bichos. Afortunadamente, de lo contrario no hubiera pasado de ser un vicario rural. Mientras estaba en Cambridge conoció a J S Henslow, quien impartía clases de Botánica, pero además dominaba la zoología, mineralogía, química y geología. En esa época también conoció a Adam Sedwick, con quien recorrió el norte del País de Gales. Ambos influirían en  la vida de Charles años después.

Cuando regresó de la expedición con Sedwick encontró una carta de Henslow, en donde le decía que necesitaban a un joven para una expedición científica alrededor del mundo, para levantar un plano de la Tierra del Fuego, las costas de Sur América,  el Pacífico, regresando por las Indias Orientales y para lo cual el gobierno inglés sufragaba los gastos y ponía a disposición de la expedición el HMS Beagle al mando del Capitán FitzRoy.  Henslow, con frases lisonjeras, le decía en la carta que no tuviera dudas que él era el indicado para eso. Consultado con su padre, quien no estuvo de acuerdo y para sacárselo de encima le dijo “Si eres capaz de encontrar alguien en su sano juicio que te aconseje marcharte, daré mi consentimiento”. Darwin, ante tales objeciones decide darse por vencido, pero aquí interviene su tío materno (Y futuro suegro), Josiah Wedgwood II y el padre da el consentimiento y al día siguiente parte a Londres para entrevistarse con el Capitán FitzRoy.

Pero aún faltaban escollos que superar y darse otras coincidencias. Las rígidas costumbres de la Inglaterra de esa época no le permitía a los capitanes socializar con la tripulación sino sólo para impartir las órdenes a fin de que se cumpliera la misión y FitzRoy tenía varias preocupaciones: Había sido nombrado capitán del Beagle porque el anterior había fallecido 12 días después de haberse dado un pistoletazo en la sien; tenía un tío, Robert Stewart, del cual todos decían que era muy parecido a él,  física y emocionalmente, quien fue Ministro de Guerra durante la derrota de Napoleón, y por intrigas políticas, unos años antes había tenido un duelo a pistola con George Canning, con tan buena suerte para ambos, la de Darwin y del mundo de la Biología, tenían mala puntería. El tiro del tío de FitzRoy,  Robert Stewart, vizconde de Castlereagh, dio en la parte superior del muslo de Canning (Stephen Jay Gould dice que en la nalga), el del Canning sólo rozó la camisa del vizconde. El tío de FitzRoy, terminó suicidándose unos años después por acusaciones de malversación y homosexualidad. Si Canning hubiera tenido puntería, habría matado al tío de FitzRoy y éste no se habría preocupado por la tendencia suicida de la familia y no hubiera buscado a alguien con quien conversar y compartir la mesa durante el viaje de casi cinco años.

FitzRoy, quien era un creyente de la seudociencia llamada fisiognomía, la cual está basada en la idea de que por el estudio de la apariencia externa de una persona, sobre todo su cara, puede conocerse el carácter o personalidad de ésta y la de Darwin le pareció la adecuada, además de la clase social a la que pertenecía y los estudios de Teología, ya que la misión oficial era cartografiar las costas de Suramérica, pero al capitán le interesaba buscar pruebas para una interpretación bíblica literal de la creación y quien mejor que un graduado en Teología. Darwin debía viajar por su cuenta pagando los gastos de 30 libras al año ya que en esa época la Marina Real no permitía en los barcos ni siquiera a las esposas de los capitanes, además se le permitió llevar un criado.

Y finalmente Darwin se embarcó en el Beagle y no como naturalista, ya que el naturalista era el médico de a bordo, Robert  Mc Kormik, quien no tenía los privilegios de Darwin y se dio de baja por invalidez –renunció-, en abril de 1832 en Rio de Janeiro. En una carta de Darwin a su hermana decía:  “mi buen amigo el doctor  es un asno, pero seguimos nuestros caminos muy amigablemente…” Finalmente zarparon (Darwin con 22 años, FitzRoy con 26) de Plymouth el 27 de diciembre de 1831 y regresaron el 2 de octubre de 1836, después de recorrer las costas este y oeste de Suramérica, las islas Galápagos, Tahití, Nueva Zelanda, Australia, Cabo de Buena Esperanza, Ascensión, Pernambuco, Cabo Verde y las Azores.

Después del regreso de Darwin, éste esperó casi veinte años para publicar El Origen de las Especies, y en ella no utilizó el término impreso “evolución”, sino hasta la sexta edición, época en la que su uso ya estaba demasiado generalizado como para no utilizarlo,  siempre habló de “descendencia con modificación”. Tampoco escribió “supervivencia del más apto”, este término lo acuñó Herbert Spencer en 1864.

FitzRoy, años después del regreso del Beagle fue nombrado Gobernador de Nueva Zelanda, luego jefe del departamento de meteorología, y en el debate que sostuvieron Thomas Huxley y el obispo Wilberforce (Sam, el jabonoso), en 1860 sobre la evolución y la teoría de Darwin lanzó un breve discurso y levantó una gran Biblia, pidiéndole al público que creyesen en Dios antes que al Hombre. Finalmente FitzRoy  terminó suicidándose en 1865.

De no haberse dado esta cadena de acontecimientos afortunados, nos habríamos perdido de una de las teorías más geniales de la historia de la humanidad, aceptada casi que a regañadientes (en 1996) hasta por el Vaticano como un hecho incontrovertible, después de ciento cincuenta años de negación –le fue mejor que a Galileo, quien tuvo que esperar 300 años-, aunque Darwin ESTUVO A PUNTO DE NO…EMBARCARSE EN EL HMS BEAGLE

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