...LLAMARSE TELESCOPIO ESPACIAL HUBBLE
En 1929 Edwin Hubble publicó un
artículo histórico en el cual determinaba la tasa de de expansión del universo,
basado en la velocidad aparente de recesión de las galaxias (corrimiento hacia
el rojo), gracias a los trabajos previos de Vesto Slipher. El corrimiento hacia
el rojo es una especie de efecto Doppler del sonido y se aplica a la luz por igual, cuando se acerca tiende a desplazarse hacia el azul ya
que se estira y cuando se aleja lo hace hacia la banda roja del espectro. Esta expansión uniforme de las galaxias (excepto el llamado Grupo Local, en el cual está la Vía Láctea) en todas
direcciones explicaba el dilema de Einstein, de porqué el universo no había
colapsado bajo su propia gravedad y para lo cual tuvo que inventar su famosa
constante cosmológica, a la que consideró su mayor metedura de pata tiempo
después, aunque algunos cosmólogos consideran ahora que es posible tenga algo
que ver con la materia oscura y Einstein no estuviera tan equivocado.
El otro
acontecimiento afortunado de Hubble fue gracias al aporte de una “calculadora”:
así se llamaba a las mujeres que hacían trabajos tediosos, repetitivos y poco valorados por la comunidad científica,
comparando placas fotográficas o haciendo cálculos tediosos (de ahí el nombre)
y su labor quedaba eclipsada por sus su superiores, masculinos, por supuesto. Pues
bien, Henrietta Swan Leavitt estudió las estrellas variables cefeidas,
cuyo brillo varía en intervalos regulares, pues ya han agotado casi todo su
combustible y han salido de la secuencia principal. Catalogó estrellas
variables en las Nubes de Magallanes, lo que le permitió calibrar la relación
periodo-luminosidad, Observando el periodo de una cefeida variable
(por la constelación de Cefeo, donde se localizó la primera), se podría conocer
su luminosidad y magnitud absoluta, que comparándola con la magnitud aparente observada,
permitiría establecer la distancia a dicha cefeida. Con este método se podía obtener la distancia a otras galaxias en las
que se observasen estrellas cefeidas, pues servían como “candelas tipo” –
expresión acuñada por Leavitt-. Con esta información Hubble,
quien se había interesado por los descubrimientos de Slipher, por el corrimiento
hacia la zona roja del espectro al dirigir el telescopio del monte Wilson hacia
la nebulosa de Andrómeda y observar el corrimiento hacia el azul, dedujo que
esta no era una nube de gas y polvo sino una galaxia y por derecho propio, galaxia
que se estaba acercando a la nuestra a una velocidad de 300 kilómetros por
segundo. (Según los cálculos las dos galaxias colisionarán dentro de 3000
millones de años, originado una galaxia elíptica que desde ya bautizaron
Lactómeda). Con esas vagas teorías de aquella época se revivían los viejos postulados
de Universos-Islas de Kant y Herschel, con lo cual el universo no lo constituía
solo la Vía Láctea, sino que había otras galaxias (descubrimiento éste que le
habría dado la gloria por sí solo a Hubble), pero él fue más allá y calculó que si las
galaxias se alejaban unas de otras, y mientras más lejanas, mas rápido parecen
estar retrocediendo, lo que reconoce como la Constante de Hubble, desde 1929.
Dos años antes, en 1927, un sacerdote y astrónomo belga, George
Lemaître, ya había publicado un artículo en francés, donde calculaba una tasa
de expansión similar a la de Hubble, en la revista científica belga, Anales de
la Sociedad Científica de Bruselas, razón por la cual quizás pasó desapercibido.
Posteriormente en 1931, el artículo de Lemaître fue traducido y publicado en la
revista Monthly Notices of the Royal
Astronomical Society, pero ¡faltaban algunos cálculos del original en
francés! Desde 1984, ha habido una sospecha de plagio y la comunidad científica
empezó a especular sobre quién omitió los cálculos:¿el propio Hubble o los
editores, para favorecer a aquél? El 9 de Noviembre de 2011, el investigador y astrónomo del Space Telescope Science Institute, Mario Livio, en la revista Nature, #479 (páginas 171-173), después de leer varias actas de reunión de la Real Sociedad Astronómica, cartas y material del archivo de Lemaître, llegó a la conclusión que fue el propio Lemaître quien omitió los pasajes en ciernes al hacer la traducción al inglés en 1931. Según Livio en una de esas cartas de Lemaître a los editores de la revista reza: “No he encontrado conveniente reimprimir la discusión provisional de velocidades radiales, ya que claramente carece de interés, así como la nota geométrica, lo que podría ser substituido por una pequeña bibliografía de documentos antiguos y nuevos sobre el tema”. Y la
pregunta que queda en el aire es ¿porqué Lemaître borró intencionalmente la
evidencia que le acreditaba como descubridor de la expansión del Universo? Livio
concluye: "La carta de Lemaître también ofrece una interesante visión de la
mentalidad de la visión de los científicos de la década de 1920. Lemaître no
estaba en absoluto obsesionado con el establecimiento de prioridades para su
descubrimiento original. Teniendo en cuenta que los resultados de Hubble ya
habían sido publicados en 1929, no le veía sentido a publicar en 1931 los
resultados de sus tentativas anteriores”.
O quizá debido a su modestia, y a que
sabía que su propio artículo no era conocido, por haberlo publicado en francés,
o bien a que creyó que sus datos de 1927 estaban ya desfasados en 1931.Lo cierto es que cuando Hubble, en el periodo
1927 1928, al regresar de un congreso internacional, al parecer en Holanda,
llegó muy excitado, según algunas declaraciones del ayudante de Hubble, Milton
Humason, -actualmente protegidas por derechos y no pueden ser públicas-, ya que según Humason, Hubble le
encargó que comprobara la posibilidad de un universo en expansión.
Y es que en esta historia, Einstein no
conocía a Slipher, Slipher no sabía Relatividad y Hubble tampoco, Hubble era
más un observador que un pensador, Lemaître ató los hilos sueltos en su “teoría
de los fuegos artificiales”, según la cual si el Universo se estaba expandiendo
tuvo que haber comenzado en un “átomo primigenio” que estalló y se ha estado expandiendo
desde entonces. Esta idea es la base moderna de la Teoría de la Gran Explosión
(Big Bang), llamada así despectivamente por Fred Hoyle, quien era un partidario
de un Universo estacionario, pero le hizo un gran favor al llamarla de esta
manera. Teoría que tendría que esperar algunos años para que otro par de
científicos (Wilson y Penzias), descubrieran por casualidad en 1964 el “fósil de su origen”:
La radiación de Fondo Cósmico de Microondas, la cual podemos en un uno por ciento cuando sintonizamos un televisor en una estación que no esté transmitiendo.
Hubble en su juventud fue un atleta
consumado, abandonó una carrera de brillante abogado, contrariando a su padre. Motivado por los libros de Julio Verne se dedicó a la Astronomía. Falleció de un accidente cerebro-vascular en 1953 y su esposa no quiso celebrar
un funeral, ni revelar el sitio donde estaban los restos de uno de los astrónomos
más brillantes del siglo XX, por lo que hoy para rendirle tributo en vez de mirar al
suelo, debemos mirar al cielo, hacia el Telescopio Espacial que lleva su
nombre y que ha descubierto gran parte de lo que conocemos actualmente sobre el Universo,
pero que...ESTUVO A PUNTO DE NO LLAMARSE…TELESCOPIO ESPACIAL HUBBLE.
ADENDA. Quizá en un Universo paralelo, de los que
hablan hoy los Cosmólogos y Físicos Teóricos, su nombre sea TELESCOPIO ESPACIAL
SLIPHER - LEMAÎTRE
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